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TERCER CUADERNO DE ECOLOGÍA POLÍTICA

 

El sistema-mundo productivista


 

Resumen

El tercer volumen de los Cuadernos de Ecología Política explora las ideas centrales del productivismo, el cual prioriza el crecimiento económico y la expansión material como pilares del progreso social. Se analiza al productivismo como una superideología que impulsa tanto al capitalismo como al socialismo, centrándose en el capitalismo liberal en su forma globalizada. Se examinan las causas estructurales de la desigualdad social y la destrucción ambiental inherentes al sistema, así como el desarrollo histórico del capitalismo y la influencia de diversas escuelas de pensamiento económico.

 

NOTA: Edición y corrección en interacción con IA

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                                                                                            Carlos Merenson

¿Qué es el productivismo?

El productivismo es una superideología que sostiene que las necesidades humanas solo se pueden satisfacer mediante la expansión de la producción y el consumo, transformados en el fin último de la organización social. Según esta lógica, la prosperidad y el bienestar dependen directamente de la capacidad de una sociedad para incrementar su producción. En este marco, el crecimiento económico continuo se considera esencial para el progreso y la mejora de la calidad de vida, otorgando al aumento del Producto Interno Bruto (PIB) un papel central como indicador de éxito económico y desarrollo social.

El carácter superideológico del productivismo

Resulta aquí importante aportar los fundamentos objetivos que le confieren carácter superideológico al productivismo. Tal carácter emerge del nivel de coincidencia en la aceptación del ideal productivista por parte de la mayoría de las ideologías que ha producido la modernidad las que, más allá de las diferencias y antagonismos en cuanto a sus visiones socioeconómicas y políticas sobre el manejo de los bienes, los mecanismos de producción y el rol del Estado, muestran similitudes que, parafraseando a Jonathon Porritt,[1] son de mayor significación que sus diferencias. Porritt describe tal nivel de coincidencias de la siguiente manera:

Ambos [capitalismo y comunismo] están dedicados al crecimiento industrial, a la expansión de los medios de producción, a una ética materialista como el mejor medio de satisfacer las necesidades de la gente, y al desarrollo tecnológico sin cortapisas. Ambos se apoyan en una centralización y un control y coordinación burocráticos a gran escala y cada vez mayores. Partiendo de un restrictivo racionalismo científico, ambos insisten en que el planeta está ahí para ser conquistado, que lo grande es evidentemente bello, y que lo que no se puede medir no tiene importancia…las similitudes entre estas dos ideologías dominantes son de mayor significación que sus diferencias…las dos están unidas en una “super-ideología” que lo abraza todo… el industrialismo [productivismo].

El muy amplio y heterogéneo grupo de corrientes de pensamiento productivista que se desprenden de los troncos del conservadurismo, liberalismo o socialismo coinciden en hacer suya la doctrina mecanicista,[2] en adoptar una posición antropocéntrica y una actitud imperial respecto del resto del mundo natural, en promover una ética materialista como el mejor medio de satisfacer las necesidades de la gente (Porritt); coinciden en su visión economicista y su rechazo a la existencia de límites para el crecimiento, convencidos de que con la combinación “virtuosa” de ciencia, tecnología e industria pueden superar cualquier límite.

A manera de ejemplo Marcellesi,[3] cita el siguiente párrafo de los textos fundacionales de los verdes franceses: 

Tanto el socialismo como el capitalismo privilegian la producción y descansan sobre la esclavitud del trabajo asalariado como fuente de la riqueza y como valor de referencia ético. Ambos tienden a un economismo reductor donde se olvida la dimensión humana, el deseo, la afectividad, no cuantificables (Les Verts, 1984: 14).

Castoriadis,[4] en un debate que tuvo lugar en 1989, señalaba el fundamento del productivismo contemporáneo, de la siguiente manera (en Riechmann, 2009):[5]

Por un lado, el liberalismo con el imaginario del progreso indefinido; por otro lado, el marxismo, que proclama el carácter inevitable de una revolución que instauraría una sociedad donde el hombre podría dominar racionalmente las relaciones con sus semejantes y con la naturaleza. Ambos proyectos se desmoronaron, pues son intrínsecamente absurdos. Ambos expresan el imaginario de un control y un dominio racionales sobre la naturaleza y la sociedad, ambos se apoyan de manera explícita en la fantasía de la omnipotencia de la técnica. Para ambos, lo que se encontraba en el centro de los intereses de la humanidad era la satisfacción de las necesidades materiales. Inútil discutir esta idea por sí misma; vemos lo que hoy ocurre con ella. Tres cuartas partes de la humanidad no pueden satisfacer ni siquiera de manera elemental estas necesidades, y la cuarta parte restante está atada como una ardilla a su rueda, persiguiendo la satisfacción de las ‘necesidades’ nuevas, manufacturadas día tras día ante nuestros ojos.

También Iván Illich,[6] destaca la coincidencia en el productivismo entre capitalismo y comunismo, cuando afirma que:

La sociedad en que la planificación central sostiene que el productor manda, como la sociedad en que las estadísticas pretenden que el consumidor es rey, son dos variantes políticas de la misma dominación por los instrumentos industriales en constante expansión. El fracaso de esta gran aventura conduce a la conclusión de que la hipótesis era falsa…El ideal propuesto por la tradición socialista no se traducirá en realidad mientras no se inviertan las instituciones imperantes y no sea sustituida la instrumentación industrial por herramientas convivenciales. [7]   Y por su parte la reinstrumentación de la sociedad tiene todas las probabilidades de perdurar como piadoso propósito, si los ideales socialistas de justicia no lo adoptan. Por ello se debe saludar a la crisis declarada de las instituciones dominantes como al amanecer de una liberación revolucionaria que nos emancipará de aquellas instancias que mutilan la libertad elemental del ser humano...

¿Se puede hablar de un sistema-mundo productivista?

La teoría del sistema-mundo (también conocida como economía-mundo, o teoría, enfoque o acercamiento analítico de los sistemas-mundo) es una perspectiva macrosociológica que busca comprender y explicar la dinámica de la economía del mundo capitalista como un sistema social total.

En tanto el productivismo puede interpretarse como una característica estructural común y transversal a los diferentes modelos económicos predominantes en la modernidad, incluyendo tanto al capitalismo como al socialismo, resulta posible hablar de un sistema-mundo productivista,

Esta perspectiva se alinea con la teoría del sistema-mundo de Immanuel Wallerstein, que entiende el sistema-mundo capitalista como un sistema histórico caracterizado por relaciones de interdependencia y explotación globales, pero también puede ampliarse para incorporar el análisis crítico de la ideología productivista.

¿Qué implica hablar de un sistema-mundo productivista?

  1. Centralidad de la producción material:
    Tanto el capitalismo como el socialismo han priorizado históricamente el aumento de la producción como medio para alcanzar objetivos económicos y sociales, como la acumulación de capital o el bienestar colectivo. Esto configura un marco ideológico donde el crecimiento económico y la maximización de la productividad son fines incuestionados.
  2. Convergencia ideológica:
    A pesar de sus diferencias fundamentales, ambos sistemas han compartido la creencia en el progreso material basado en el desarrollo industrial y tecnológico, reforzando patrones de extracción de recursos naturales y externalización de costos ambientales.
  3. Impactos globales y ecológicos:
    El productivismo ha modelado el sistema-mundo a través de la acelerada explotación de recursos naturales y humanos, generando dinámicas de desigualdad en la división internacional del trabajo y una crisis ecológica planetaria que amenaza los propios fundamentos del sistema.
  4. Relaciones de poder y expansión:
    El productivismo no solo es una ideología, sino que opera como una práctica concreta que sustenta la hegemonía de los estados centrales en el sistema-mundo. Las periferias se integran en este sistema como proveedoras de materias primas y mano de obra barata, exacerbando desigualdades estructurales.
  5. Persistencia en las alternativas:
    Aunque el socialismo intentó ofrecer una alternativa al capitalismo, en la práctica adoptó estrategias productivistas similares, como la industrialización a gran escala. Esto sugiere que el productivismo no es exclusivo de un sistema económico, sino un atributo compartido del sistema-mundo moderno.

La caracterización del sistema-mundo como productivista conduce al ecologismo hacia un proyecto emancipador antiproductivista que persigue el objetivo de superar el paradigma del crecimiento económico ilimitado y avanzar hacia modelos que prioricen la sostenibilidad ecológica y el bienestar humano.

La crisis ecosocial actual pone de manifiesto que el sistema-mundo productivista está alcanzando límites biogeofísicos que no puede ignorar. Esta contradicción fundamental podría precipitar una transformación evolutiva del sistema o su colapso.

La noción de un sistema-mundo productivista permite enmarcar al productivismo como una lógica estructurante de la economía global moderna, cuya superación es esencial para construir alternativas viables frente a la crisis ecosocial contemporánea.

Principales características del productivismo

A manera de resumen se puede afirmar que el productivismo es una superideología que subraya la centralidad de la producción económica y el crecimiento material como los pilares del progreso social.

Entre sus principales características podemos mencionar:

  1. Crecimiento económico: El productivismo considera el crecimiento económico, medido generalmente en términos de producción y consumo, como el objetivo primordial de la sociedad. Esto implica la maximización de la producción de bienes y servicios como motor del desarrollo humano.
  2. Explotación intensiva de recursos: Para sostener el crecimiento económico, el productivismo tiende a promover el uso intensivo de recursos naturales y energéticos. Esto conlleva la explotación masiva de materias primas sin mucha consideración por los límites ecológicos o el impacto ambiental.
  3. Tecnolatría: En el marco del productivismo, la tecnología se ve como una herramienta esencial para optimizar la producción. Tanto en el capitalismo como en el socialismo, la innovación tecnológica se fomenta como una forma de aumentar la eficiencia productiva y el control sobre los recursos.
  4. Eficiencia: La eficiencia, entendida como la maximización de los resultados con el menor coste posible (en términos de tiempo, esfuerzo o recursos), es un valor clave en el productivismo. Se busca constantemente incrementar la productividad a través de mejoras en los procesos industriales y laborales.
  5. Trabajo y producción como fines en sí mismos: En el productivismo, el trabajo y la producción son vistos no solo como medios para satisfacer necesidades humanas, sino como valores intrínsecos que definen el bienestar y el éxito de una sociedad. En esta visión, la dignidad humana y el progreso están ligados a la contribución productiva.
  6. Consumismo: Como resultado del énfasis en la producción, el productivismo tiende a promover una sociedad orientada al consumo. La creación de nuevas necesidades y deseos impulsa la demanda, lo que a su vez justifica la expansión continua de la producción.
  7. Competencia: Tanto en sistemas capitalistas como socialistas, la ideología productivista fomenta la competencia, ya sea entre empresas o naciones, para lograr mayores niveles de producción. En el capitalismo, esta competencia es entre empresas en el mercado; en el socialismo, puede manifestarse como competencia entre Estados o sectores de la economía estatalizada.
  8. Negación de los límites ecológicos: El productivismo a menudo ignora o subestima los límites ecológicos, promoviendo un modelo de desarrollo que no toma en cuenta el agotamiento de recursos ni los impactos negativos sobre los ecosistemas.

Productivismo, reformismo y regresión

En La Dinámica del Capitalismo, Fernand Braudel - refiriéndose al empleo del término “capitalismo” - afirma que, si lo expulsamos -molestos- por la puerta, vuelve a entrar casi inmediatamente por la ventana; atribuyendo tal situación al hecho de no poder encontrar otro término que lo pueda sustituir adecuadamente. La afirmación de Braudel extendida al sistema capitalista como tal, también resulta válida. La caída del Muro de Berlín y la auto disolución de la URSS pueden ser vistas como una corroboración de tal afirmación. Esos hechos nos están insinuando que, más allá de los errores que se les puedan achacar a quienes condujeron al colapso del sistema socialista, existe una razón superior que le permitió al capitalismo, luego de ser expulsado en 1917 por la puerta del imperio zarista, regresar por la ventana de la perestroika, en la década del año 1980.


El núcleo estructural ha sido tomado de Socialismo y Comunismo de Marta Harnecker (1979), habiéndose incorporado la superestructura y el substrato superideológico
Esa razón la podemos encontrar en el productivismo que - aun cuando se hace presente en ambos sistemas - ha encontrado en el capitalismo, definido como un sistema histórico que prioriza la acumulación incesante de capital (Immanuel Wallerstein), su mejor interprete y ello - tarde o temprano – conduce al sistema productivista no capitalistas a desarrollar procesos reformistas que lo terminan reintegrando en el sistema-mundo capitalista.


Elaboración propia

Resulta oportuno aquí la mención que sobre el fracaso del socialismo autoritario hace Jean Zin en su artículo: Gorz, un pionero de la ecología política:

El fracaso del socialismo autoritario está puesto esencialmente en la cuenta de la apropiación colectiva de los medios de producción no habiendo cambiado nada del modo de producción capitalista ni del trabajo alienado, ejerciendo así una crítica política de la técnica. Si se vale de las mismas herramientas, el socialismo no valdrá más que el capitalismo; si perfecciona los poderes del Estado sin favorecer al mismo tiempo la autonomía de las comunidades y de las personas, arriesga caer en el tecnofacismo. La expansión de esta autonomía se halla en el centro de la exigencia ecologista. Ella supone una subversión de la relación de los individuos con sus útiles, con su consumo, con su cuerpo, con la naturaleza (Ecología y política).

El capitalismo global





Tras la caída del muro de Berlín y la autodisolución de la URSS, el capitalismo encarnó la vertiente hegemónica del productivismo razón por la cual la descripción del escenario actual se centrará en el sistema capitalista en su orden global compuesto por varios modelos o variantes que reflejan diferencias en políticas económicas, culturales, sociales y de regulación.

Hoy en día, coexisten varios tipos de capitalismo, los cuales difieren en sus estructuras, dinámicas económicas y formas de organización social, entre ellos se destacan:

·         Capitalismo Liberal que predomina en países como Estados Unidos, Reino Unido y Canadá y se caracteriza por mercados libres, mínima intervención estatal y un enfoque en la competencia. Se trata de un sistema que tiende a tener altos niveles de desigualdad económica.

·         Capitalismo Social de Mercado que predomina en países como Alemania y los países nórdicos. Combina mercados capitalistas con un estado de bienestar robusto. Hay mayor regulación y protección social, y el Estado tiene un papel más activo en garantizar un nivel mínimo de bienestar y equidad. Se trata de un sistema con menor desigualdades sociales que en el capitalismo liberal debido a las políticas redistributivas.

·         Capitalismo Corporativo: presente en Japón y en algunas economías europeas como Alemania y los Países Bajos. Se basa en una relación cercana entre grandes empresas, sindicatos y el Estado. Las decisiones económicas están coordinadas y el gobierno juega un papel crucial en la planificación. La desigualdad social en este sistema es relativamente baja debido a la negociación entre empresas y sindicatos.

·         Capitalismo de Bienestar: que predomina en países como Suecia, Noruega y Finlandia. Tiene un enfoque en combinar una economía de mercado con un extenso sistema de bienestar social, alta intervención del estado en temas sociales, y redistribución de la riqueza. Se trata de un sistema con baja desigualdad debido a las políticas redistributivas.

·         El Capitalismo Financiarizado es un tipo de capitalismo, en el que los mercados financieros tienen una influencia dominante sobre la economía. Las inversiones y las decisiones económicas se centran en obtener beneficios rápidos a través de instrumentos financieros, en lugar de en la producción. Se trata de un sistema con elevada desigualdad social, ya que los beneficios suelen concentrarse en inversores y grandes corporaciones.

Emergente en el siglo XXI e impulsado por grandes empresas tecnológicas tenemos al Capitalismo de Plataforma basado en plataformas digitales que intermedian y facilitan el intercambio de bienes, servicios e información. Es un sistema que tiende a concentrar la riqueza en pocas manos, como las de los fundadores y grandes accionistas.

Un caso particular es el de China que aun cuando se autodefine como un país socialista, su economía presenta características de un modelo capitalista. Esta dualidad se conoce como socialismo con características chinas, y es un modelo único que combina aspectos del socialismo y del capitalismo que algunos califican como Capitalismo de Estado. China muestra un sistema híbrido. En términos ideológicos y políticos, mantiene elementos del socialismo, especialmente en su control estatal y su partido único. Sin embargo, su economía tiene fuertes rasgos capitalistas debido a la liberalización del mercado, el papel creciente del sector privado y la participación en la economía global. Este enfoque ha permitido a China convertirse en una potencia económica global mientras mantiene un control político centralizado.

Dentro del Capitalismo de Estado, además de China podemos clasificar a Rusia y otros países con economías en transición.

Entre los modelos arriba mencionados, por su difusión y posición hegemónica, nos centraremos en el Capitalismo Liberal.[8]

El capitalismo liberal

El capitalismo liberal, la vertiente hegemónica del productivismo, es un sistema socioeconómico que encuentra en el lucro y la acumulación del capital, sus valores esenciales, en torno a los cuales, se estructura la vida en sociedad. La valoración exclusivamente monetaria, que conduce a la mercantilización de todas las esferas de la vida, resulta coherente con una lógica que exige que, para seguir creciendo, cada vez más bienes y servicios tengan que intercambiarse por dinero.

El capitalismo genera desigualdad social y destrucción ambiental debido a varias causas estructurales inherentes al sistema.

En primer lugar, los dueños de los medios de producción, al buscar maximizar beneficios, tienden a acumular riqueza, concentrándola en manos de una minoría, mientras que la mayoría de la población depende de salarios para sobrevivir, lo que agrava la desigualdad social. Además, la competencia en el mercado favorece a las grandes empresas, que pueden explotar economías de escala, dejando a pequeñas empresas y trabajadores en desventaja, profundizando así las brechas de ingresos y oportunidades.

En el sistema capitalista, las empresas a menudo externalizan los costos (en salud, educación y medio ambiente) hacia la sociedad. Las personas menos favorecidas suelen ser las más afectadas por esta externalización, ya que enfrentan dificultades en el acceso a servicios básicos y están expuestas a condiciones laborales precarias.

La priorización del beneficio privado sobre el bien común también perpetúa la exclusión social. Al favorecer la actividad privada y la maximización de beneficios, el sistema tiende a marginar a quienes no tienen acceso a los recursos, perpetuando la desigualdad.

Un aspecto clave es el consumismo promovido como motor de crecimiento económico, que exacerba las desigualdades debido a un acceso desigual a los bienes de consumo. Esto contribuye a valorar a las personas en función de su capacidad de consumo, lo que refuerza las disparidades sociales.

La búsqueda de mayores márgenes de ganancia ha llevado a una mayor desregulación y flexibilización laboral, lo que ha reducido la seguridad laboral, bajado los salarios y aumentado la precariedad para una gran parte de la fuerza de trabajo.

Otro factor que alimenta la desigualdad social es la globalización, que refuerza las jerarquías internacionales al explotar a los países del sur global para extraer recursos y mano de obra barata, mientras que los países del norte global se enriquecen.

En cuanto a la destrucción ambiental, es fundamental señalar que la acumulación de capital impulsa la sobreexplotación de recursos naturales para incrementar ganancias. Las empresas extraen estos recursos de manera insostenible, lo que resulta en la degradación ambiental. La búsqueda de un crecimiento económico continuo fomenta la expansión de actividades productivas que no respetan los límites ecológicos, agotando recursos y generando contaminación.

Øystein Dahle, vicepresidente jubilado de ESSO para Noruega y el Mar del Norte, observó: el Socialismo se derrumbó porque no permitió a los precios decir la verdad económica. El Capitalismo puede derrumbarse porque no permite a los precios decir la verdad ecológica.

Muy bien lo describe Bellamy Foster, citado por Riechmann,[9] cuando afirma que:

La cuestión está clara. El capitalismo es un sistema orientado a la acumulación ilimitada de capital y, con ello, un crecimiento económico exponencial. Y por ello aumenta constantemente en escala. Con una tasa de crecimiento del 3%, la economía se expandiría dieciséis veces en un siglo, se multiplicaría por 250 en dos siglos y por 4.000 en tres siglos. Mientras que la capacidad del planeta con respecto a lo que llamamos ‘el grifo’, la fuente de recursos, y los sumideros, donde han de absorberse los residuos, esencialmente seguiría siendo la misma. La realidad de los límites ecológicos y la presión que la economía ejerce sobre ellos no puede, por tanto, negarse.[10]

Además, los costos ambientales (como la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático) son externalizados hacia el entorno natural y las generaciones futuras, ya que las empresas no asumen el costo total de los daños ambientales que generan.

El modelo capitalista ve los recursos naturales como bienes explotables para la generación de riqueza privada, sin tener en cuenta su función ecológica ni el bienestar común, lo que favorece prácticas insostenibles.

El consumismo, por su parte, alimenta la sobreproducción, lo que incrementa la demanda de recursos naturales y genera más desechos y contaminación. La desregulación también debilita las normativas ambientales, ya que las empresas presionan para reducir los controles sobre sus actividades, facilitando la explotación insostenible de los recursos y agravando la contaminación.

Finalmente, los países en desarrollo soportan la mayor parte del daño ambiental causado por las actividades extractivas, como la minería y la deforestación, mientras que los países más ricos se benefician de los productos derivados de estas actividades.

Para demostrar la inviabilidad ambiental del desarrollo capitalista, en su actual forma de organización de las fuerzas productivas, Antonio Elizalde presenta las siguientes siete tesis con forma de argumentos:[11]

1.      No es posible un crecimiento económico sostenible.

2.      La tecnología no puede superar lo imposible.

3.      El desarrollo económico occidental degrada sistemáticamente todo lo que la gente valoraba y así destruye la matriz vital de la humanidad.

4.      El crecimiento capitalista se basa en la permanente creación de necesidades, muchas de ellas artificiales, para sostener la demanda por nuevos bienes que es la que lo alimenta.

5.      El crecimiento capitalista contiene una paradoja, crea bienes que se transforman en males, ya que todo bien superada cierta escala se transforma en mal.

6.      La principal de las eficiencias: la eficiencia reproductiva, es la que el desarrollo capitalista no reconoce.

7.      El capitalismo realiza la construcción social de la obsolescencia

Por su parte, Fred Magdoff y John Bellamy Foster sostienen que la insostenibilidad del sistema capitalista mundial obedece a las siguientes razones: [12]

·         Su búsqueda por una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe expandirse continuamente para obtener ganancias;

·         Su sistema agrícola y alimentario que contamina el ambiente y sin embargo no garantiza el acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida;

·         Su desenfrenada destrucción del ambiente;

·         Su continua reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los países; y

·         Su búsqueda por la “bala de plata” tecnológica para evadir los crecientes problemas sociales y ecológicos emergentes de sus propias operaciones.

En resumen, las dinámicas internas del capitalismo liberal, como la acumulación de capital, la búsqueda de un crecimiento continuo y la externalización de costos, son fundamentales para entender cómo este sistema genera simultáneamente desigualdad social y degradación ambiental, tema que será abordado en mayor detalle en el siguiente volumen de estos Cuadernos de Ecología Política.

Desarrollo histórico del capitalismo

Como sistema económico y social el capitalismo no tiene un punto de inicio único y claro, ya que su desarrollo fue gradual y se produjo a lo largo de varios siglos. Sin embargo, se pueden identificar momentos y procesos históricos clave que marcaron el surgimiento del capitalismo tales como el mercantilismo que se desarrolló desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII y al que se lo considera como precursor del capitalismo. La Revolución Agrícola en los Siglos XVII y XVIII etapa que condujo a una mayor producción de alimentos, permitiendo el crecimiento de la población y la liberación de mano de obra para otras industrias, lo que facilitó la transición hacia la industrialización. La primera transición termoindustrial desarrollada en los Siglos XVIII y XIX con la introducción de maquinaria, el desarrollo de fábricas, y la urbanización rápida que marcaron el establecimiento del capitalismo industrial. El Desarrollo del Capitalismo Financiero en los Siglos XIX y XX etapa en la que aumentó de manera significativa el papel de los bancos y los mercados financieros en los mecanismos de acumulación de capital, etapa en la que surgen grandes corporaciones, se expanden los mercados de valores y crece la influencia de las instituciones financieras. Finalmente, en las décadas de 1980 y 1990 se asiste a un proceso de globalización del Capitalismo que se extiende hasta nuestros días en que el capitalismo se convirtió en el sistema económico dominante a nivel mundial, con la proliferación de empresas multinacionales y una red económica fuertemente interconectada.

En resumen, se puede decir que el capitalismo como sistema económico comenzó a formarse durante el Renacimiento, se consolidó durante la primera transición termoindustrial y se expandió globalmente a lo largo del siglo XX.

Entre las principales características del capitalismo global podemos mencionar:

·         La propiedad privada de los medios de producción que es el pilar fundamental del sistema.

·         Los mercados como principal mecanismo para coordinar la producción y distribución de recursos.

·         La competencia como motor clave para ganar cuota de mercado y maximizar beneficios.

·         La búsqueda del beneficio o la maximización de las ganancias como un objetivo central en las economías capitalistas.

·         La acumulación de capital como mecanismo de reinversión destinada a expandir la capacidad productiva, generar más riqueza y crecimiento económico.

·         El trabajo asalariado como la forma predominante de empleo.

·         La innovación y el cambio tecnológico, para obtener ventajas competitivas mediante nuevos productos, procesos y tecnologías.

·         La desigualdad económica es una característica inherente del capitalismo, donde la distribución de la riqueza y los ingresos no es uniforme.

·         Una limitada intervención del Estado que puede variar desde una intervención mínima, limitándose a la protección de los derechos de propiedad y la aplicación de contratos hasta desempeñar un papel más activo en la regulación económica y la provisión de bienes públicos.

·         La globalización, como mecanismo de expansión de mercados y crecimiento económico.

Como vemos, el capitalismo es un sistema complejo que ha demostrado ser altamente dinámico y adaptable. Su capacidad para generar crecimiento económico, fomentar la innovación y mejorar el bienestar ha sido notable, no obstante, muestra dos irresueltas contradicciones fundamentales: la contradicción capital-trabajo y capital-naturaleza generadoras de desigualdades sociales y crisis ambientales.

Adam Smith

Las contribuciones teóricas y filosóficas de Adam Smith influyeron significativamente en el desarrollo del sistema económico capitalista moderno.

Su obra principal: An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (1776), uno de los textos fundacionales del pensamiento económico moderno y del capitalismo, aborda temas como la división del trabajo, la teoría del valor, la acumulación de capital y la función de los mercados libres. Smith introduce el concepto de la "mano invisible" para describir cómo los individuos que buscan maximizar su propio beneficio contribuyen al bienestar general de la sociedad.

Este principio sostiene que, en un mercado libre, los intereses individuales conducen a resultados beneficiosos para la sociedad, al fomentar la eficiencia y la innovación.

Para Smith, las conductas humanas obedecen, de manera natural, a motivaciones egoístas, poniendo las bases conceptuales del comportamiento del Homo economicus, un agente económico que, sólo preocupado por satisfacer su propio interés, actúa de manera individualista maximizando sus opciones. A manera de ejemplo Smith afirma que:

No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero que esperamos nuestra cena, sino por el cuidado que prestan a sus propios intereses. Apelamos no a su humanidad sino a su amor propio, y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.

Conducta que se puede resumir en dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, o lo que es igual la empatía con el egoísmo del otro, empatía que, para Smith, es la clave para el mejoramiento de la comunidad en su conjunto.

Smith argumentó que la división del trabajo, donde los trabajadores se especializan en tareas específicas, aumenta la productividad y la eficiencia. Este concepto es fundamental en la teoría económica y en la práctica del capitalismo industrial, donde la especialización impulsa el crecimiento económico.

Fue crítico de las políticas mercantilistas en tanto promovían el proteccionismo y la acumulación de metales preciosos frente a lo cual abogó por el libre comercio y la competencia, promoviendo la idea de que el comercio internacional debería ser libre de restricciones y que los mercados deben operar sin intervenciones gubernamentales excesivas.

También resulta importante su distinción entre el valor de uso y el valor de cambio de los bienes, argumentando que el valor de cambio (o precio) está determinado por la oferta y la demanda en el mercado, teoría que influenció el desarrollo posterior de la teoría del valor en la economía clásica y neoclásica.

Aunque Smith no usaba el término "capitalismo" en el sentido moderno, su obra estableció muchos de los principios que forman la base del capitalismo, como la eficiencia del mercado libre, el papel del interés propio en el progreso económico y la importancia de la competencia.

Las ideas de Smith han tenido un impacto duradero en la teoría económica y en la política económica. Su pensamiento influyó en el desarrollo del liberalismo económico y en las políticas de mercado libre que se convirtieron en características centrales del capitalismo moderno.

La Escuela Austriaca

Carl Menger en 1871 con la publicación de su obra "Principios de Economía Política" introduce la teoría del valor subjetivo, argumentando que el valor de un bien no está determinado por el trabajo que se necesita para producirlo, tal como sostenían los economistas clásicos, sino por la utilidad que le asignan los individuos. Fue este enfoque el que sentó las bases de la denominada Escuela Austriaca de Economía.

Eugen von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser, discípulos de Menger, expandieron y desarrollaron estas ideas, especialmente en las áreas de teoría del capital, el interés y los precios.

La Escuela Austriaca se desarrolló bajo principios fundamentales como el subjetivismo, la metodología del individualismo, la acción humana o Praxeología (término acuñado por Ludwig von Mises), la Teoría del Ciclo Económico, la importancia del conocimiento y el proceso de Mercado y la crítica a la intervención Estatal.

Además de Menger, von Böhm-Bawerk, von Wieser y von Mises, entre los referentes de la Escuela Austriaca debemos mencionar a Friedrich Hayek conocido por su defensa del mercado libre y su trabajo sobre la dispersión del conocimiento en la sociedad. Su libro "Camino de servidumbre" es uno de los textos más influyentes del siglo XX en defensa del liberalismo.

La Escuela Austriaca de Economía ha influido en movimientos políticos y económicos que abogan por la libertad económica, la propiedad privada y la limitación del poder estatal siendo una fuente de inspiración para aquellos que promueven la economía de mercado y se oponen a la planificación centralizada.

La Escuela de Chicago

La Escuela de Chicago comenzó a tomar forma en las décadas de 1930 y 1940, y se consolidó en la posguerra cuando un grupo de economistas de la Universidad de Chicago desarrollaron teorías y enfoques críticos a las ideas económicas de la corriente principal de la época, de manera particular, las ideas keynesianas.

Entre sus principios fundamentales encontramos la defensa del libre mercado, el monetarismo, la racionalidad y comportamiento individual, la eficiencia del mercado (Hipótesis del Mercado Eficiente propuesta por Eugene Fama), la crítica a la intervención estatal, la promoción de la privatización de servicios públicos y la desregulación de sectores económicos.

El economista más influyente de la Escuela de Chicago fue Milton Friedman un defensor acérrimo del libre mercado y un crítico del keynesianismo, cuyos trabajos sobre la teoría monetaria y su defensa de la liberalización económica lo convirtieron en una figura central en el desarrollo del neoliberalismo.

También se debe mencionar a George Stigler, Gary Becker, Eugene Fama y Robert Lucas Jr.

La Escuela de Chicago ha tenido un impacto profundo en la política económica mundial, particularmente en la segunda mitad del siglo XX. Sus ideas fueron fundamentales en la configuración de las políticas económicas durante las administraciones de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido. Estas políticas incluyeron la reducción de la intervención estatal, la privatización de empresas públicas, y la liberalización de los mercados financieros.

Además, la influencia de la Escuela de Chicago se ha extendido a nivel global, especialmente en América Latina, donde muchas de sus ideas fueron implementadas durante las reformas económicas de los años 80 y 90. El modelo económico de Chile durante la dictadura de Pinochet, por ejemplo, fue fuertemente influenciado por los economistas formados en la Universidad de Chicago, conocidos como los "Chicago Boys".

El Neoliberalismo

 

En las décadas de 1970 y 1980, con el estallido del modelo económico de posguerra del Estado del bienestar, que se produjo tras una larga y profunda recesión comenzaron a ganar fuerza algunas expresiones políticas que levantaban propuestas, calificadas como neoliberales, que se tradujeron, como fuera mencionado, en triunfos como los de Thatcher en Inglaterra, en 1979 y Reagan en Estados Unidos, en 1980, iniciando una etapa que alcanzará su apogeo en la década de 1990, tiempos en los que el modelo neoliberal comienza a ser masivamente difundido como aquel que mejor se ajusta a la naturaleza humana, cuya conducta natural es la competencia permanente de todos contra todos en una sociedad dividida entre ganadores y perdedores, en la que se debe naturalizar la pobreza como lógica consecuencia para los perdedores y aceptar la violencia del sistema como costo inevitable en la lucha por la existencia.

Con una parábola, pretendidamente poética, John D. Rockefeller, décadas antes que el neoliberalismo cobrara auge en el mundo, sintetizaba estos pensamientos de la siguiente manera:

El crecimiento de un gran negocio es simplemente la supervivencia del más apto... La rosa American Beauty sólo puede alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si sacrificamos otros capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de una combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios.[13]

Estas ideas alimentaran una ideología y un modelo económico considerado como el único viable; basado en mercado, capitalismo y globalización, frente al cual, cualquier otro modelo está destinado al fracaso. Margaret Thatcher, fue quien impuso esta idea en el campo político, con su eslogan: no hay alternativa, o su acrónimo: "TINA".

Como muy bien lo describe el sociólogo Pierre Dardot,[14] el neoliberalismo se ha transformó en:

…una lógica que dirige las prácticas desde su propio interior y no de una simple motivación ideológica o intelectual. El neoliberalismo no gobierna principalmente a través de la ideología, sino a través de la presión ejercida sobre los individuos por las situaciones de competencia que crea. Esa “razón” es mundial por su escala y “hace mundo” en el sentido de que atraviesa todas las esferas de la existencia humana sin reducirse a la propiamente económica. No es la esfera económica la que tiende a absorber las demás esferas, sino la lógica de mercado la que se extiende a todas las otras esferas de la vida social sin destruir sin embargo las diferencias entre ellas.

Un caso particular: el Trumpismo

El Trumpismo es un término utilizado para describir la ideología, estilo político y conjunto de políticas asociados con Donald Trump iniciadas durante su presidencia en Estados Unidos. Aunque el término no tiene una definición formal y puede interpretarse de diferentes maneras, generalmente se refiere a una combinación de populismo, nacionalismo, y enfoque disruptivo en la política, caracterizado por la personalidad de Trump y sus enfoques no convencionales.

Entre sus principales características podemos mencionar al populismo que emerge del discurso de Trump mediante el cual se presenta como el defensor del "hombre común" contra las élites políticas y económicas tradicionales. Trump se construye como un outsider que está luchando en nombre del pueblo. Otra característica es su enfoque en el nacionalismo, encapsulado en el lema "Make America Great Again" (Hacer a América Grande Otra Vez). Este enfoque pone énfasis en la soberanía nacional, el proteccionismo económico, y la priorización de los intereses estadounidenses en la política exterior. Emerge aquí una clara diferencia con el neoliberalismo, que promueve el libre comercio global, frente a un Trumpismo caracterizado por un marcado proteccionismo como por ejemplo cuando Trump impuso aranceles a países como China y renegoció tratados comerciales para favorecer lo que él percibía como los intereses económicos de Estados Unidos. Su discurso era proteger a los trabajadores y las industrias estadounidenses de la competencia extranjera.

Un pilar central del Trumpismo es la promoción de políticas destinadas a restringir la inmigración, que como ejemplo extremo se concreta con la construcción de un muro en la frontera con México, la prohibición de viajes desde varios países musulmanes, y la implementación de políticas más estrictas de asilo y deportación.

Su Política Exterior quedó sintetizada en el lema: "America First" (América Primero) que lo condujo a retirar a Estados Unidos de compromisos multilaterales que Trump consideraba perjudiciales, como el Acuerdo de París sobre el cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán.

Trump promovió la desregulación en áreas como ambiente, energía y negocios, con el objetivo de reducir lo que él consideraba barreras innecesarias para el crecimiento económico. Implementó recortes de impuestos significativos, principalmente beneficiando a las corporaciones y a los individuos con altos ingresos, en línea con la filosofía pro-empresa del Trumpismo.

El Trumpismo es un movimiento político que combina populismo, nacionalismo, proteccionismo y un enfoque disruptivo en la política.

No obstante mostrar elementos en común con el neoliberalismo, el Trumpismo se diferencia de este por un enfoque proteccionista en materia de comercio internacional lo que contrasta con el enfoque globalista del neoliberalismo. En cuanto a su posición respecto del Estado aun cuando promovió la desregulación en algunas áreas, no llegó a proponer su desaparición tal como lo propone el anarcocapitalismo.

Anarcocapitalismo: fase superior del Neoliberalismo

El anarcocapitalismo, también conocido como “capitalismo libertario” o “anarquismo de propiedad privada”, puede definirse como “productivismo capitalista en estado puro”. Esta corriente ideológica propone una sociedad en la que el mercado y la propiedad privada sean absolutos, rechazando cualquier forma de intervención estatal.

El referente ético del anarcocapitalismo, Murray Rothbard, sintetizó la esencia de esta corriente con la afirmación:

El capitalismo es la expresión más completa del anarquismo y el anarquismo la expresión más completa del capitalismo. No solo son compatibles, sino que no se puede tener uno sin el otro. El verdadero anarquismo será el capitalismo, y el verdadero capitalismo será el anarquismo.

Siguiendo esta lógica, si el capitalismo es la máxima expresión del productivismo, el anarcocapitalismo representa la forma más pura y extrema de este. La base ética de esta ideología se complementa con las contribuciones teóricas de Ludwig von Mises y las perspectivas histórico-evolutivas de Friedrich Hayek, que sustentan su estructura conceptual.

El anarcocapitalismo identifica un error fundamental en el liberalismo clásico, el cual Jesús Huerta de Soto describe como la aceptación de la existencia del estado, aunque sea mínimo:

…no haberse dado cuenta de que el programa del ideario liberal es teóricamente imposible pues incorpora dentro de sí mismo la semilla de su propia destrucción, precisamente en la medida en que considera necesaria y acepta la existencia de un estado (aunque sea mínimo) entendido como la agencia monopolista de la coacción institucional. [15]

Para Huerta de Soto, aceptar la existencia del estado implica reconocer un monopolio coercitivo que inevitablemente crecerá, traicionando el objetivo liberal de limitar su poder. En esta "divisoria de aguas", el anarcocapitalismo sostiene que el estado no es solo innecesario, sino también incompatible con una sociedad verdaderamente libre, ya que el estatismo es "teóricamente imposible".

El anarcocapitalismo no solo se opone frontalmente a todas las corrientes del socialismo, sino que también busca superar lo que denomina “liberalismo utópico”. Para los anarcocapitalistas, los liberales clásicos son ingenuos al pensar que el estado puede ser limitado sin cuestionar su existencia misma. Esta crítica se extiende al neoliberalismo, cuyo fracaso, según esta perspectiva, se evidencia en el crecimiento continuo del estado y la pérdida de libertades individuales tras la caída del Muro de Berlín. En lugar de un retroceso estatal, los gobiernos siguieron ampliando su influencia en la vida económica y social.

Como alternativa, el anarcocapitalismo propone una sociedad regida por principios de absoluta libertad individual, en la que:

  1. El derecho a la propiedad privada sea absoluto e intocable.
  2. Los mercados sean completamente libres.
  3. La competencia y la división del trabajo organicen todos los servicios y relaciones sociales.
  4. Los servicios, como la justicia o la seguridad, sean proporcionados a través de acuerdos voluntarios y mecanismos de mercado.

Según Huerta de Soto:

…todos los proyectos empresariales pueden probarse si obtienen con carácter voluntario el apoyo suficiente, por lo que son múltiples las posibilidades creativas de solución que pueden idearse en un entorno dinámico y siempre cambiante de cooperación voluntaria.

En esta visión, la creatividad humana y la coordinación empresarial reemplazarían al estado, consolidando una sociedad donde la interacción se basa únicamente en acuerdos voluntarios, libres de coerción estatal.

Aunque el anarcocapitalismo se presenta como la culminación lógica del liberalismo, su rechazo absoluto al estado plantea interrogantes sobre su viabilidad práctica. Críticos argumentan que un sistema basado exclusivamente en el mercado podría exacerbar desigualdades, dificultar la provisión de bienes públicos y debilitar la protección de derechos fundamentales. Sin embargo, los anarcocapitalistas ven en estas críticas una falta de fe en las capacidades del mercado y de la cooperación social voluntaria.

 

 



[1] Porritt, J. (1984). Seeing Green. Oxford: Blackwell.

[2] El mecanicismo comienza a desarrollarse a finales del siglo XVI con Sir Francis Bacon, quien se esforzó por demostrar que la ciencia no era diabólica, que no era perjudicial para el hombre y que podía conciliarse con la religión. Es a partir de Bacon que comienza a desarrollarse el proyecto científico occidental para conquistar y controlar la naturaleza y también comienza a imponerse la idea de un mundo similar a una máquina. A mediados del siglo XVII emerge la figura de Rene Descartes que creía que la clave del universo se hallaba en su estructura matemática y, para él, ciencia era sinónimo de matemáticas. Pensaba que la matemática era el lenguaje de la naturaleza y que el universo material era una máquina. La naturaleza funcionaba de acuerdo con unas leyes mecánicas, y todas las cosas del mundo material podían explicarse en términos de la disposición y del movimiento de sus partes. A principios del siglo XVIII, Isaac Newton en su libro Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, describe su ley de la gravitación universal y postula que todos los fenómenos físicos se reducen al movimiento de partículas de materia provocado por su atracción mutua.

[3] Marcellesi, (2008) op. cit.

[5] Riechmann, J. (2009). La habitación de Pascal. Ensayos para fundamentar éticas de suficiencia y políticas de autocontención. Los Libros de la Catarata, Madrid.

[6] Illich, I. (1978): “La Convivencialidad”, documento electrónico: https://www.traficantes.net/sites/default/files/Ivan%20Illich,%20La%20convivencialidad.pdf

[7] Illich emplea el término herramienta en un sentido amplio, como instrumento o como medio. Incluye a las instituciones productoras de servicios, la escuela, la institución médica, la investigación, los medios de comunicación o los centros de planificación. Su definición engloba todos los instrumentos razonados de la acción humana, todo objeto tomado como medio para un fin se convierte en herramienta. Hasta cierto punto, existen similitudes en el concepto de “herramienta” de Illich y el de “megamáquina” de Mumford (1967).

[8] Entre las razones de la amplia difusión del Capitalismo de Libre Mercado podemos mencionar al dominio económico y político de EE.UU. y el Reino Unido, la expansión de la globalización en las últimas décadas que ha ido de la mano con la difusión del libre mercado, las políticas de las Organizaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, y la Organización Mundial del Comercio (OMC) que han condicionado con el libre mercado la asistencia financiera y el acceso al comercio global, la caída del bloque comunista en 1991 que llevó a muchos países de Europa del Este y Asia a adoptar modelos neoliberales y el avance tecnológico y la expansión de los mercados financieros globales que han favorecido la adopción de políticas de libre mercado, permitiendo una mayor movilidad de capital y la creación de nuevos sectores económicos.

[9] Riechmann, J. Ecología política: breves e incompletas notas introductorias.

[10] Bellamy Foster, J. (2017) A resistance movement for the planet (entrevista), disponible en: http://www.leftvoice.org/A-Resistance-Movement-for-the-Planet-Full-Interview

[11] Elizalde,  A. ¿Es sustentable ambientalmente el crecimiento capitalista?

[12] Magdoff, F y  Bellamy Foster, J. (2020):  Lo que todo ambientalista necesita saber sobre capitalismo. Monthly Review.  Volumen 61, número 10

[13] La frase fue pronunciada en una conferencia escolar y está citada en Hofstadter, Richard; 1959; Social Darwinism in American Thought, George Braziller; New York, p. 45. El texto original en inglés es: The growth of a large business is merely a survival of the fittest.... The American Beauty rose can be produced in the splendor and fragrance which bring cheer to its beholder only by sacrificing the early buds which grow up around it. This is not an evil tendency in business. It is merely the working-out of a law of nature and a law of God.

[14] El neoliberalismo es una forma de vida, no sólo una ideología o una política económica. Reportaje efectuado a Pierre Dardot y Christian Laval en elDiario.es, documento electrónico: https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-ideologia-politica-economica-forma_132_4592247.html

[15] Liberalismo vs anarcocapitalismo (2012), documento electrónico: https://www.piensaenlibertad.com/liberalismo-vs-anarcocapitalismo

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