El sistema-mundo
productivista
Resumen
NOTA:
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Carlos Merenson
¿Qué es el
productivismo?
El carácter superideológico del productivismo
Resulta aquí importante aportar los
fundamentos objetivos que le confieren carácter superideológico al
productivismo. Tal carácter emerge del nivel de coincidencia en la aceptación
del ideal productivista por parte de la mayoría de las ideologías que ha producido
la modernidad las que, más allá de las diferencias y antagonismos en cuanto a
sus visiones socioeconómicas y políticas sobre el manejo de los bienes,
los mecanismos de producción y el rol del Estado, muestran similitudes que,
parafraseando a Jonathon Porritt,[1] son de mayor significación que sus
diferencias. Porritt describe tal nivel de coincidencias de la siguiente
manera:
Ambos [capitalismo y comunismo] están dedicados al
crecimiento industrial, a la expansión de los medios de producción, a una ética
materialista como el mejor medio de satisfacer las necesidades de la gente, y
al desarrollo tecnológico sin cortapisas. Ambos se apoyan en una centralización
y un control y coordinación burocráticos a gran escala y cada vez mayores.
Partiendo de un restrictivo racionalismo científico, ambos insisten en que el
planeta está ahí para ser conquistado, que lo grande es evidentemente bello, y
que lo que no se puede medir no tiene importancia…las similitudes entre estas
dos ideologías dominantes son de mayor significación que sus diferencias…las
dos están unidas en una “super-ideología” que lo abraza todo… el industrialismo
[productivismo].
El
muy amplio y heterogéneo grupo de corrientes de pensamiento productivista que
se desprenden de los troncos del conservadurismo, liberalismo o socialismo
coinciden en hacer suya la doctrina mecanicista,[2] en adoptar una posición
antropocéntrica y una actitud imperial respecto del resto del mundo natural, en
promover una ética materialista como el mejor medio de satisfacer las
necesidades de la gente (Porritt); coinciden en su visión economicista y su
rechazo a la existencia de límites para el crecimiento, convencidos de que con
la combinación “virtuosa” de ciencia, tecnología e industria pueden superar
cualquier límite.
A
manera de ejemplo Marcellesi,[3] cita el siguiente párrafo de los
textos fundacionales de los verdes franceses:
Tanto el socialismo como el capitalismo privilegian la
producción y descansan sobre la esclavitud del trabajo asalariado como fuente
de la riqueza y como valor de referencia ético. Ambos tienden a un economismo
reductor donde se olvida la dimensión humana, el deseo, la afectividad, no
cuantificables (Les Verts, 1984: 14).
Castoriadis,[4] en un debate que tuvo lugar en 1989,
señalaba el fundamento del productivismo contemporáneo, de la siguiente manera
(en Riechmann, 2009):[5]
Por un lado, el liberalismo con el imaginario del
progreso indefinido; por otro lado, el marxismo, que proclama el carácter
inevitable de una revolución que instauraría una sociedad donde el hombre
podría dominar racionalmente las relaciones con sus semejantes y con la
naturaleza. Ambos proyectos se desmoronaron, pues son intrínsecamente
absurdos. Ambos expresan el imaginario de un control y un dominio
racionales sobre la naturaleza y la sociedad, ambos se apoyan de manera
explícita en la fantasía de la omnipotencia de la técnica. Para ambos, lo
que se encontraba en el centro de los intereses de la humanidad era la
satisfacción de las necesidades materiales. Inútil discutir esta idea por
sí misma; vemos lo que hoy ocurre con ella. Tres cuartas partes de la
humanidad no pueden satisfacer ni siquiera de manera elemental estas
necesidades, y la cuarta parte restante está atada como una ardilla a su
rueda, persiguiendo la satisfacción de las ‘necesidades’ nuevas,
manufacturadas día tras día ante nuestros ojos.
También
Iván Illich,[6] destaca la coincidencia en el
productivismo entre capitalismo y comunismo, cuando afirma que:
La sociedad en que la planificación central sostiene que
el productor manda, como la sociedad en que las estadísticas pretenden que el
consumidor es rey, son dos variantes políticas de la misma dominación por los
instrumentos industriales en constante expansión. El fracaso de esta gran
aventura conduce a la conclusión de que la hipótesis era falsa…El ideal
propuesto por la tradición socialista no se traducirá en realidad mientras no
se inviertan las instituciones imperantes y no sea sustituida la instrumentación
industrial por herramientas convivenciales. [7] Y por su parte la reinstrumentación de la
sociedad tiene todas las probabilidades de perdurar como piadoso propósito, si
los ideales socialistas de justicia no lo adoptan. Por ello se debe saludar a
la crisis declarada de las instituciones dominantes como al amanecer de una
liberación revolucionaria que nos emancipará de aquellas instancias que mutilan
la libertad elemental del ser humano...
¿Se puede hablar de un sistema-mundo productivista?
La
teoría del sistema-mundo (también conocida como economía-mundo, o teoría,
enfoque o acercamiento analítico de los sistemas-mundo) es una perspectiva
macrosociológica que busca comprender y explicar la dinámica de la economía del
mundo capitalista como un sistema social total.
En
tanto el productivismo puede interpretarse como una característica estructural
común y transversal a los diferentes modelos económicos predominantes en la
modernidad, incluyendo tanto al capitalismo como al socialismo, resulta posible
hablar de un sistema-mundo productivista,
Esta
perspectiva se alinea con la teoría del sistema-mundo de Immanuel Wallerstein,
que entiende el sistema-mundo capitalista como un sistema histórico
caracterizado por relaciones de interdependencia y explotación globales, pero
también puede ampliarse para incorporar el análisis crítico de la ideología
productivista.
¿Qué implica hablar
de un sistema-mundo productivista?
- Centralidad
de la producción material:
Tanto el capitalismo como el socialismo han priorizado históricamente el aumento de la producción como medio para alcanzar objetivos económicos y sociales, como la acumulación de capital o el bienestar colectivo. Esto configura un marco ideológico donde el crecimiento económico y la maximización de la productividad son fines incuestionados. - Convergencia
ideológica:
A pesar de sus diferencias fundamentales, ambos sistemas han compartido la creencia en el progreso material basado en el desarrollo industrial y tecnológico, reforzando patrones de extracción de recursos naturales y externalización de costos ambientales. - Impactos
globales y ecológicos:
El productivismo ha modelado el sistema-mundo a través de la acelerada explotación de recursos naturales y humanos, generando dinámicas de desigualdad en la división internacional del trabajo y una crisis ecológica planetaria que amenaza los propios fundamentos del sistema. - Relaciones
de poder y expansión:
El productivismo no solo es una ideología, sino que opera como una práctica concreta que sustenta la hegemonía de los estados centrales en el sistema-mundo. Las periferias se integran en este sistema como proveedoras de materias primas y mano de obra barata, exacerbando desigualdades estructurales. - Persistencia
en las alternativas:
Aunque el socialismo intentó ofrecer una alternativa al capitalismo, en la práctica adoptó estrategias productivistas similares, como la industrialización a gran escala. Esto sugiere que el productivismo no es exclusivo de un sistema económico, sino un atributo compartido del sistema-mundo moderno.
La
caracterización del sistema-mundo como productivista conduce al ecologismo
hacia un proyecto emancipador antiproductivista que persigue el objetivo de superar
el paradigma del crecimiento económico ilimitado y avanzar hacia modelos que
prioricen la sostenibilidad ecológica y el bienestar humano.
La
crisis ecosocial actual pone de manifiesto que el sistema-mundo productivista
está alcanzando límites biogeofísicos que no puede ignorar. Esta contradicción
fundamental podría precipitar una transformación evolutiva del sistema o su
colapso.
La
noción de un sistema-mundo productivista permite enmarcar al
productivismo como una lógica estructurante de la economía global moderna, cuya
superación es esencial para construir alternativas viables frente a la crisis
ecosocial contemporánea.
Principales
características del productivismo
A
manera de resumen se puede afirmar que el productivismo es una superideología
que subraya la centralidad de la producción económica y el crecimiento material
como los pilares del progreso social.
Entre
sus principales características podemos mencionar:
- Crecimiento
económico:
El productivismo considera el crecimiento económico, medido generalmente
en términos de producción y consumo, como el objetivo primordial de la
sociedad. Esto implica la maximización de la producción de bienes y
servicios como motor del desarrollo humano.
- Explotación
intensiva de recursos: Para sostener el
crecimiento económico, el productivismo tiende a promover el uso intensivo
de recursos naturales y energéticos. Esto conlleva la explotación masiva
de materias primas sin mucha consideración por los límites ecológicos o el
impacto ambiental.
- Tecnolatría: En el marco del
productivismo, la tecnología se ve como una herramienta esencial para
optimizar la producción. Tanto en el capitalismo como en el socialismo, la
innovación tecnológica se fomenta como una forma de aumentar la eficiencia
productiva y el control sobre los recursos.
- Eficiencia: La eficiencia,
entendida como la maximización de los resultados con el menor coste
posible (en términos de tiempo, esfuerzo o recursos), es un valor clave en
el productivismo. Se busca constantemente incrementar la productividad a
través de mejoras en los procesos industriales y laborales.
- Trabajo
y producción como fines en sí mismos: En el
productivismo, el trabajo y la producción son vistos no solo como medios
para satisfacer necesidades humanas, sino como valores intrínsecos que
definen el bienestar y el éxito de una sociedad. En esta visión, la
dignidad humana y el progreso están ligados a la contribución productiva.
- Consumismo: Como resultado del
énfasis en la producción, el productivismo tiende a promover una sociedad
orientada al consumo. La creación de nuevas necesidades y deseos impulsa
la demanda, lo que a su vez justifica la expansión continua de la
producción.
- Competencia: Tanto en sistemas
capitalistas como socialistas, la ideología productivista fomenta la
competencia, ya sea entre empresas o naciones, para lograr mayores niveles
de producción. En el capitalismo, esta competencia es entre empresas en el
mercado; en el socialismo, puede manifestarse como competencia entre
Estados o sectores de la economía estatalizada.
- Negación
de los límites ecológicos: El productivismo a
menudo ignora o subestima los límites ecológicos, promoviendo un modelo de
desarrollo que no toma en cuenta el agotamiento de recursos ni los
impactos negativos sobre los ecosistemas.
Productivismo,
reformismo y regresión
Resulta
oportuno aquí la mención que sobre el fracaso del socialismo autoritario hace
Jean Zin en su artículo: Gorz, un pionero de la ecología política:
El
fracaso del socialismo autoritario está puesto esencialmente en la cuenta de la
apropiación colectiva de los medios de producción no habiendo cambiado nada del
modo de producción capitalista ni del trabajo alienado, ejerciendo así una
crítica política de la técnica. Si se vale de las mismas herramientas, el
socialismo no valdrá más que el capitalismo; si perfecciona los poderes del
Estado sin favorecer al mismo tiempo la autonomía de las comunidades y de las
personas, arriesga caer en el tecnofacismo. La expansión de esta autonomía se
halla en el centro de la exigencia ecologista. Ella supone una subversión de la
relación de los individuos con sus útiles, con su consumo, con su cuerpo, con
la naturaleza (Ecología y política).
El capitalismo
global
Hoy en día, coexisten varios tipos de
capitalismo, los cuales difieren en sus estructuras, dinámicas económicas y
formas de organización social, entre ellos se destacan:
·
Capitalismo Liberal que predomina en países como Estados
Unidos, Reino Unido y Canadá y se caracteriza por mercados libres, mínima
intervención estatal y un enfoque en la competencia. Se trata de un sistema que
tiende a tener altos niveles de desigualdad económica.
·
Capitalismo Social de Mercado que predomina en países como
Alemania y los países nórdicos. Combina mercados capitalistas con un estado de
bienestar robusto. Hay mayor regulación y protección social, y el Estado tiene
un papel más activo en garantizar un nivel mínimo de bienestar y equidad. Se
trata de un sistema con menor desigualdades sociales que en el capitalismo
liberal debido a las políticas redistributivas.
·
Capitalismo Corporativo: presente en Japón y en algunas
economías europeas como Alemania y los Países Bajos. Se basa en una relación
cercana entre grandes empresas, sindicatos y el Estado. Las decisiones
económicas están coordinadas y el gobierno juega un papel crucial en la
planificación. La desigualdad social en este sistema es relativamente baja
debido a la negociación entre empresas y sindicatos.
·
Capitalismo de Bienestar: que predomina en países como
Suecia, Noruega y Finlandia. Tiene un enfoque en combinar una economía de
mercado con un extenso sistema de bienestar social, alta intervención del
estado en temas sociales, y redistribución de la riqueza. Se trata de un
sistema con baja desigualdad debido a las políticas redistributivas.
·
El Capitalismo Financiarizado es un
tipo de capitalismo, en el que los mercados financieros tienen una influencia
dominante sobre la economía. Las inversiones y las decisiones económicas se
centran en obtener beneficios rápidos a través de instrumentos financieros, en
lugar de en la producción. Se trata de un sistema con elevada desigualdad
social, ya que los beneficios suelen concentrarse en inversores y grandes
corporaciones.
Emergente
en el siglo XXI e impulsado por grandes empresas tecnológicas tenemos al Capitalismo
de Plataforma basado en plataformas digitales que intermedian y facilitan
el intercambio de bienes, servicios e información. Es un sistema que tiende a
concentrar la riqueza en pocas manos, como las de los fundadores y grandes
accionistas.
Un
caso particular es el de China que aun cuando se autodefine como un país
socialista, su economía presenta características de un modelo capitalista. Esta
dualidad se conoce como socialismo con características chinas, y es un
modelo único que combina aspectos del socialismo y del capitalismo que algunos
califican como Capitalismo de Estado. China muestra un sistema híbrido.
En términos ideológicos y políticos, mantiene elementos del socialismo,
especialmente en su control estatal y su partido único. Sin embargo, su
economía tiene fuertes rasgos capitalistas debido a la liberalización del
mercado, el papel creciente del sector privado y la participación en la
economía global. Este enfoque ha permitido a China convertirse en una potencia
económica global mientras mantiene un control político centralizado.
Dentro
del Capitalismo de Estado, además de China podemos clasificar a Rusia y
otros países con economías en transición.
Entre los modelos arriba mencionados,
por su difusión y posición hegemónica, nos centraremos en el Capitalismo Liberal.[8]
El capitalismo
liberal
El
capitalismo liberal, la vertiente hegemónica del productivismo, es un sistema
socioeconómico que encuentra en el lucro y la acumulación del capital, sus
valores esenciales, en torno a los cuales, se estructura la vida en sociedad. La
valoración exclusivamente monetaria, que conduce a la mercantilización de todas
las esferas de la vida, resulta coherente con una lógica que exige que, para
seguir creciendo, cada vez más bienes y servicios tengan que intercambiarse por
dinero.
El
capitalismo genera desigualdad social y destrucción ambiental debido a varias
causas estructurales inherentes al sistema.
En
primer lugar, los dueños de los medios de producción, al buscar maximizar
beneficios, tienden a acumular riqueza, concentrándola en manos de una minoría,
mientras que la mayoría de la población depende de salarios para sobrevivir, lo
que agrava la desigualdad social. Además, la competencia en el mercado favorece
a las grandes empresas, que pueden explotar economías de escala, dejando a
pequeñas empresas y trabajadores en desventaja, profundizando así las brechas
de ingresos y oportunidades.
En
el sistema capitalista, las empresas a menudo externalizan los costos (en
salud, educación y medio ambiente) hacia la sociedad. Las personas menos
favorecidas suelen ser las más afectadas por esta externalización, ya que
enfrentan dificultades en el acceso a servicios básicos y están expuestas a
condiciones laborales precarias.
La
priorización del beneficio privado sobre el bien común también perpetúa la
exclusión social. Al favorecer la actividad privada y la maximización de
beneficios, el sistema tiende a marginar a quienes no tienen acceso a los
recursos, perpetuando la desigualdad.
Un
aspecto clave es el consumismo promovido como motor de crecimiento económico,
que exacerba las desigualdades debido a un acceso desigual a los bienes de
consumo. Esto contribuye a valorar a las personas en función de su capacidad de
consumo, lo que refuerza las disparidades sociales.
La
búsqueda de mayores márgenes de ganancia ha llevado a una mayor desregulación y
flexibilización laboral, lo que ha reducido la seguridad laboral, bajado los
salarios y aumentado la precariedad para una gran parte de la fuerza de
trabajo.
Otro
factor que alimenta la desigualdad social es la globalización, que refuerza las
jerarquías internacionales al explotar a los países del sur global para extraer
recursos y mano de obra barata, mientras que los países del norte global se
enriquecen.
En
cuanto a la destrucción ambiental, es fundamental señalar que la acumulación de
capital impulsa la sobreexplotación de recursos naturales para incrementar
ganancias. Las empresas extraen estos recursos de manera insostenible, lo que
resulta en la degradación ambiental. La búsqueda de un crecimiento económico
continuo fomenta la expansión de actividades productivas que no respetan los
límites ecológicos, agotando recursos y generando contaminación.
Øystein
Dahle, vicepresidente jubilado de ESSO para Noruega y el Mar del Norte,
observó: el Socialismo se derrumbó porque no permitió a los precios decir la
verdad económica. El Capitalismo puede derrumbarse porque no permite a los
precios decir la verdad ecológica.
Muy
bien lo describe Bellamy Foster, citado por Riechmann,[9] cuando afirma que:
La
cuestión está clara. El capitalismo es un sistema orientado a la acumulación
ilimitada de capital y, con ello, un crecimiento económico exponencial. Y por
ello aumenta constantemente en escala. Con una tasa de crecimiento del 3%, la
economía se expandiría dieciséis veces en un siglo, se multiplicaría por 250 en
dos siglos y por 4.000 en tres siglos. Mientras que la capacidad del planeta
con respecto a lo que llamamos ‘el grifo’, la fuente de recursos, y los sumideros,
donde han de absorberse los residuos, esencialmente seguiría siendo la misma.
La realidad de los límites ecológicos y la presión que la economía ejerce sobre
ellos no puede, por tanto, negarse.[10]
Además,
los costos ambientales (como la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el
cambio climático) son externalizados hacia el entorno natural y las
generaciones futuras, ya que las empresas no asumen el costo total de los daños
ambientales que generan.
El
modelo capitalista ve los recursos naturales como bienes explotables para la
generación de riqueza privada, sin tener en cuenta su función ecológica ni el
bienestar común, lo que favorece prácticas insostenibles.
El
consumismo, por su parte, alimenta la sobreproducción, lo que incrementa la
demanda de recursos naturales y genera más desechos y contaminación. La
desregulación también debilita las normativas ambientales, ya que las empresas
presionan para reducir los controles sobre sus actividades, facilitando la
explotación insostenible de los recursos y agravando la contaminación.
Finalmente,
los países en desarrollo soportan la mayor parte del daño ambiental causado por
las actividades extractivas, como la minería y la deforestación, mientras que
los países más ricos se benefician de los productos derivados de estas
actividades.
Para
demostrar la inviabilidad ambiental del desarrollo capitalista, en su actual
forma de organización de las fuerzas productivas, Antonio Elizalde presenta las
siguientes siete tesis con forma de argumentos:[11]
1. No es posible un crecimiento económico sostenible.
2. La tecnología no puede superar lo imposible.
3. El desarrollo económico occidental degrada
sistemáticamente todo lo que la gente valoraba y así destruye la matriz vital
de la humanidad.
4. El crecimiento capitalista se basa en la permanente
creación de necesidades, muchas de ellas artificiales, para sostener la demanda
por nuevos bienes que es la que lo alimenta.
5. El crecimiento capitalista contiene una paradoja,
crea bienes que se transforman en males, ya que todo bien superada cierta
escala se transforma en mal.
6. La principal de las eficiencias: la eficiencia
reproductiva, es la que el desarrollo capitalista no reconoce.
7. El capitalismo realiza la construcción social de la
obsolescencia
Por
su parte, Fred Magdoff y John Bellamy Foster sostienen que la
insostenibilidad del sistema capitalista mundial obedece a las siguientes
razones: [12]
·
Su búsqueda por
una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe
expandirse continuamente para obtener ganancias;
·
Su sistema
agrícola y alimentario que contamina el ambiente y sin embargo no garantiza el
acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida;
·
Su desenfrenada
destrucción del ambiente;
·
Su continua
reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los
países; y
·
Su búsqueda por
la “bala de plata” tecnológica para evadir los crecientes problemas sociales y
ecológicos emergentes de sus propias operaciones.
En
resumen, las dinámicas internas del capitalismo liberal, como la acumulación de
capital, la búsqueda de un crecimiento continuo y la externalización de costos,
son fundamentales para entender cómo este sistema genera simultáneamente
desigualdad social y degradación ambiental, tema que será abordado en mayor
detalle en el siguiente volumen de estos Cuadernos de Ecología Política.
Desarrollo histórico
del capitalismo
Como
sistema económico y social el capitalismo no tiene un punto de inicio único y
claro, ya que su desarrollo fue gradual y se produjo a lo largo de varios
siglos. Sin embargo, se pueden identificar momentos y procesos históricos clave
que marcaron el surgimiento del capitalismo tales como el mercantilismo que se
desarrolló desde el siglo XVI hasta el siglo XVIII y al que se lo considera
como precursor del capitalismo. La Revolución Agrícola en los Siglos XVII y
XVIII etapa que condujo a una mayor producción de alimentos, permitiendo el
crecimiento de la población y la liberación de mano de obra para otras
industrias, lo que facilitó la transición hacia la industrialización. La
primera transición termoindustrial desarrollada en los Siglos XVIII y XIX con la
introducción de maquinaria, el desarrollo de fábricas, y la urbanización rápida
que marcaron el establecimiento del capitalismo industrial. El Desarrollo del
Capitalismo Financiero en los Siglos XIX y XX etapa en la que aumentó de manera
significativa el papel de los bancos y los mercados financieros en los
mecanismos de acumulación de capital, etapa en la que surgen grandes
corporaciones, se expanden los mercados de valores y crece la influencia de las
instituciones financieras. Finalmente, en las décadas de 1980 y 1990 se asiste
a un proceso de globalización del Capitalismo que se extiende hasta nuestros
días en que el capitalismo se convirtió en el sistema económico dominante a
nivel mundial, con la proliferación de empresas multinacionales y una red
económica fuertemente interconectada.
En
resumen, se puede decir que el capitalismo como sistema económico comenzó a
formarse durante el Renacimiento, se consolidó durante la primera transición
termoindustrial y se expandió globalmente a lo largo del siglo XX.
Entre
las principales características del capitalismo global podemos mencionar:
·
La propiedad privada de los medios de
producción que es el pilar fundamental del sistema.
·
Los mercados como principal mecanismo para
coordinar la producción y distribución de recursos.
·
La competencia como motor clave para ganar
cuota de mercado y maximizar beneficios.
·
La búsqueda del beneficio o la
maximización de las ganancias como un objetivo central en las economías
capitalistas.
·
La acumulación de capital como mecanismo
de reinversión destinada a expandir la capacidad productiva, generar más
riqueza y crecimiento económico.
·
El trabajo asalariado como la forma
predominante de empleo.
·
La innovación y el cambio tecnológico, para
obtener ventajas competitivas mediante nuevos productos, procesos y
tecnologías.
·
La desigualdad económica es una
característica inherente del capitalismo, donde la distribución de la riqueza y
los ingresos no es uniforme.
·
Una limitada intervención del
Estado que puede variar desde una intervención mínima, limitándose a la
protección de los derechos de propiedad y la aplicación de contratos hasta desempeñar
un papel más activo en la regulación económica y la provisión de bienes
públicos.
·
La globalización, como mecanismo de expansión
de mercados y crecimiento económico.
Como
vemos, el capitalismo es un sistema complejo que ha demostrado ser altamente
dinámico y adaptable. Su capacidad para generar crecimiento económico, fomentar
la innovación y mejorar el bienestar ha sido notable, no obstante, muestra dos irresueltas
contradicciones fundamentales: la contradicción capital-trabajo y capital-naturaleza
generadoras de desigualdades sociales y crisis ambientales.
Adam Smith
Las contribuciones teóricas y
filosóficas de Adam Smith influyeron significativamente en el desarrollo del
sistema económico capitalista moderno.
Su obra principal: An Inquiry into
the Nature and Causes of the Wealth of Nations (1776), uno de los textos
fundacionales del pensamiento económico moderno y del capitalismo, aborda temas
como la división del trabajo, la teoría del valor, la acumulación de capital y
la función de los mercados libres. Smith introduce el concepto de la "mano
invisible" para describir cómo los individuos que buscan maximizar su
propio beneficio contribuyen al bienestar general de la sociedad.
Este
principio sostiene que, en un mercado libre, los intereses individuales
conducen a resultados beneficiosos para la sociedad, al fomentar la eficiencia
y la innovación.
Para
Smith, las conductas humanas obedecen, de manera natural, a motivaciones
egoístas, poniendo las bases conceptuales del comportamiento del Homo
economicus, un agente económico que, sólo preocupado por satisfacer su
propio interés, actúa de manera individualista maximizando sus opciones. A
manera de ejemplo Smith afirma que:
No
es por la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero que
esperamos nuestra cena, sino por el cuidado que prestan a sus propios
intereses. Apelamos no a su humanidad sino a su amor propio, y nunca les
hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.
Conducta
que se puede resumir en dame lo que necesito y tendrás lo que deseas, o
lo que es igual la empatía con el egoísmo del otro, empatía que, para
Smith, es la clave para el mejoramiento de la comunidad en su conjunto.
Smith
argumentó que la división del trabajo, donde los trabajadores se especializan
en tareas específicas, aumenta la productividad y la eficiencia. Este concepto
es fundamental en la teoría económica y en la práctica del capitalismo
industrial, donde la especialización impulsa el crecimiento económico.
Fue
crítico de las políticas mercantilistas en tanto promovían el proteccionismo y
la acumulación de metales preciosos frente a lo cual abogó por el libre
comercio y la competencia, promoviendo la idea de que el comercio internacional
debería ser libre de restricciones y que los mercados deben operar sin
intervenciones gubernamentales excesivas.
También
resulta importante su distinción entre el valor de uso y el valor de cambio de
los bienes, argumentando que el valor de cambio (o precio) está determinado por
la oferta y la demanda en el mercado, teoría que influenció el desarrollo
posterior de la teoría del valor en la economía clásica y neoclásica.
Aunque
Smith no usaba el término "capitalismo" en el sentido moderno, su
obra estableció muchos de los principios que forman la base del capitalismo,
como la eficiencia del mercado libre, el papel del interés propio en el
progreso económico y la importancia de la competencia.
Las
ideas de Smith han tenido un impacto duradero en la teoría económica y en la
política económica. Su pensamiento influyó en el desarrollo del liberalismo
económico y en las políticas de mercado libre que se convirtieron en
características centrales del capitalismo moderno.
La Escuela
Austriaca
Carl
Menger en 1871 con la publicación de su obra "Principios de Economía
Política" introduce la teoría del valor subjetivo, argumentando que el
valor de un bien no está determinado por el trabajo que se necesita para
producirlo, tal como sostenían los economistas clásicos, sino por la utilidad
que le asignan los individuos. Fue este enfoque el que sentó las bases de la denominada
Escuela Austriaca de Economía.
Eugen
von Böhm-Bawerk y Friedrich von Wieser, discípulos de Menger, expandieron y
desarrollaron estas ideas, especialmente en las áreas de teoría del capital, el
interés y los precios.
La Escuela Austriaca se desarrolló
bajo principios fundamentales como el subjetivismo, la metodología del
individualismo, la acción humana o Praxeología (término acuñado por Ludwig von
Mises), la Teoría del Ciclo Económico, la importancia del conocimiento y el proceso
de Mercado y la crítica a la intervención Estatal.
Además de Menger, von Böhm-Bawerk, von
Wieser y von Mises, entre los referentes de la Escuela Austriaca debemos
mencionar a Friedrich Hayek conocido por su defensa del mercado libre y
su trabajo sobre la dispersión del conocimiento en la sociedad. Su libro "Camino
de servidumbre" es uno de los textos más influyentes del siglo XX en
defensa del liberalismo.
La
Escuela Austriaca de Economía ha influido en movimientos políticos y económicos
que abogan por la libertad económica, la propiedad privada y la limitación del
poder estatal siendo una fuente de inspiración para aquellos que promueven la
economía de mercado y se oponen a la planificación centralizada.
La Escuela
de Chicago
La
Escuela de Chicago comenzó a tomar forma en las décadas de 1930 y 1940, y se consolidó
en la posguerra cuando un grupo de economistas de la Universidad de Chicago desarrollaron
teorías y enfoques críticos a las ideas económicas de la corriente principal de
la época, de manera particular, las ideas keynesianas.
Entre
sus principios fundamentales encontramos la defensa del libre mercado, el monetarismo,
la racionalidad y comportamiento individual, la eficiencia del mercado (Hipótesis
del Mercado Eficiente propuesta por Eugene Fama), la crítica a la intervención
estatal, la promoción de la privatización de servicios públicos y la desregulación
de sectores económicos.
El
economista más influyente de la Escuela de Chicago fue Milton Friedman un
defensor acérrimo del libre mercado y un crítico del keynesianismo, cuyos trabajos
sobre la teoría monetaria y su defensa de la liberalización económica lo
convirtieron en una figura central en el desarrollo del neoliberalismo.
También
se debe mencionar a George Stigler, Gary Becker, Eugene Fama y Robert Lucas Jr.
La
Escuela de Chicago ha tenido un impacto profundo en la política económica
mundial, particularmente en la segunda mitad del siglo XX. Sus ideas fueron fundamentales
en la configuración de las políticas económicas durante las administraciones de
Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido. Estas
políticas incluyeron la reducción de la intervención estatal, la privatización
de empresas públicas, y la liberalización de los mercados financieros.
Además,
la influencia de la Escuela de Chicago se ha extendido a nivel global,
especialmente en América Latina, donde muchas de sus ideas fueron implementadas
durante las reformas económicas de los años 80 y 90. El modelo económico de
Chile durante la dictadura de Pinochet, por ejemplo, fue fuertemente
influenciado por los economistas formados en la Universidad de Chicago,
conocidos como los "Chicago Boys".
El
Neoliberalismo
En las décadas de 1970 y 1980, con el
estallido del modelo económico de posguerra del Estado del bienestar,
que se produjo tras una larga y profunda recesión comenzaron a ganar fuerza
algunas expresiones políticas que levantaban propuestas, calificadas como
neoliberales, que se tradujeron, como fuera mencionado, en triunfos como los de
Thatcher en Inglaterra, en 1979 y Reagan en Estados Unidos, en 1980, iniciando
una etapa que alcanzará su apogeo en la década de 1990, tiempos en los que el
modelo neoliberal comienza a ser masivamente difundido como aquel que mejor se
ajusta a la naturaleza humana, cuya conducta natural es la competencia
permanente de todos contra todos en una sociedad dividida entre ganadores y
perdedores, en la que se debe naturalizar la pobreza como lógica consecuencia
para los perdedores y aceptar la violencia del sistema como costo inevitable en
la lucha por la existencia.
Con
una parábola, pretendidamente poética, John D. Rockefeller, décadas antes que
el neoliberalismo cobrara auge en el mundo, sintetizaba estos pensamientos de
la siguiente manera:
El crecimiento de un gran negocio es simplemente la
supervivencia del más apto... La rosa American Beauty sólo puede
alcanzar el máximo de su hermosura y el perfume que nos encantan, si
sacrificamos otros capullos que crecen en su alrededor. Esto no es una
tendencia malsana del mundo de los negocios. Es, meramente, el resultado de una
combinación de una ley de la naturaleza con una ley de Dios.[13]
Estas
ideas alimentaran una ideología y un modelo económico considerado como el único
viable; basado en mercado, capitalismo y globalización, frente al cual,
cualquier otro modelo está destinado al fracaso. Margaret Thatcher, fue quien
impuso esta idea en el campo político, con su eslogan: no hay alternativa,
o su acrónimo: "TINA".
Como
muy bien lo describe el sociólogo Pierre Dardot,[14] el neoliberalismo se ha transformó en:
…una
lógica que dirige las prácticas desde su propio interior y no
de una simple motivación ideológica o intelectual. El neoliberalismo no
gobierna principalmente a través de la ideología, sino a través de la presión
ejercida sobre los individuos por las situaciones de competencia que crea. Esa
“razón” es mundial por su escala y “hace mundo” en el sentido de que atraviesa
todas las esferas de la existencia humana sin reducirse a la propiamente
económica. No es la esfera económica la que tiende a absorber las demás
esferas, sino la lógica de mercado la que se extiende a todas las otras esferas
de la vida social sin destruir sin embargo las diferencias entre ellas.
Un caso
particular: el Trumpismo
El
Trumpismo es un término utilizado para describir la ideología, estilo político
y conjunto de políticas asociados con Donald Trump iniciadas durante su
presidencia en Estados Unidos. Aunque el término no tiene una definición formal
y puede interpretarse de diferentes maneras, generalmente se refiere a una
combinación de populismo, nacionalismo, y enfoque disruptivo en la política,
caracterizado por la personalidad de Trump y sus enfoques no convencionales.
Entre
sus principales características podemos mencionar al populismo que emerge del
discurso de Trump mediante el cual se presenta como el defensor del
"hombre común" contra las élites políticas y económicas
tradicionales. Trump se construye como un outsider que está luchando en
nombre del pueblo. Otra característica es su enfoque en el nacionalismo,
encapsulado en el lema "Make America Great Again" (Hacer a
América Grande Otra Vez). Este enfoque pone énfasis en la soberanía nacional,
el proteccionismo económico, y la priorización de los intereses estadounidenses
en la política exterior. Emerge aquí una clara diferencia con el
neoliberalismo, que promueve el libre comercio global, frente a un Trumpismo
caracterizado por un marcado proteccionismo como por ejemplo cuando Trump impuso
aranceles a países como China y renegoció tratados comerciales para favorecer
lo que él percibía como los intereses económicos de Estados Unidos. Su discurso
era proteger a los trabajadores y las industrias estadounidenses de la competencia
extranjera.
Un
pilar central del Trumpismo es la promoción de políticas destinadas a restringir
la inmigración, que como ejemplo extremo se concreta con la construcción de un
muro en la frontera con México, la prohibición de viajes desde varios países
musulmanes, y la implementación de políticas más estrictas de asilo y
deportación.
Su
Política Exterior quedó sintetizada en el lema: "America First"
(América Primero) que lo condujo a retirar a Estados Unidos de compromisos
multilaterales que Trump consideraba perjudiciales, como el Acuerdo de París
sobre el cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán.
Trump
promovió la desregulación en áreas como ambiente, energía y negocios, con el
objetivo de reducir lo que él consideraba barreras innecesarias para el
crecimiento económico. Implementó recortes de impuestos significativos,
principalmente beneficiando a las corporaciones y a los individuos con altos
ingresos, en línea con la filosofía pro-empresa del Trumpismo.
El
Trumpismo es un movimiento político que combina populismo, nacionalismo,
proteccionismo y un enfoque disruptivo en la política.
No
obstante mostrar elementos en común con el neoliberalismo, el Trumpismo se
diferencia de este por un enfoque proteccionista en materia de comercio
internacional lo que contrasta con el enfoque globalista del neoliberalismo. En
cuanto a su posición respecto del Estado aun cuando promovió la desregulación
en algunas áreas, no llegó a proponer su desaparición tal como lo propone el
anarcocapitalismo.
Anarcocapitalismo: fase superior del Neoliberalismo
El
anarcocapitalismo, también conocido como “capitalismo libertario” o “anarquismo
de propiedad privada”, puede definirse como “productivismo capitalista en
estado puro”. Esta corriente ideológica propone una sociedad en la que el
mercado y la propiedad privada sean absolutos, rechazando cualquier forma de
intervención estatal.
El
referente ético del anarcocapitalismo, Murray Rothbard, sintetizó la esencia de
esta corriente con la afirmación:
El
capitalismo es la expresión más completa del anarquismo y el anarquismo la
expresión más completa del capitalismo. No solo son compatibles, sino que no se
puede tener uno sin el otro. El verdadero anarquismo será el capitalismo, y el
verdadero capitalismo será el anarquismo.
Siguiendo
esta lógica, si el capitalismo es la máxima expresión del productivismo, el
anarcocapitalismo representa la forma más pura y extrema de este. La base ética
de esta ideología se complementa con las contribuciones teóricas de Ludwig von
Mises y las perspectivas histórico-evolutivas de Friedrich Hayek, que sustentan
su estructura conceptual.
El
anarcocapitalismo identifica un error fundamental en el liberalismo clásico, el
cual Jesús Huerta de Soto describe como la aceptación de la existencia del
estado, aunque sea mínimo:
…no
haberse dado cuenta de que el programa del ideario liberal es teóricamente
imposible pues incorpora dentro de sí mismo la semilla de su propia
destrucción, precisamente en la medida en que considera necesaria y acepta la
existencia de un estado (aunque sea mínimo) entendido como la agencia
monopolista de la coacción institucional. [15]
Para
Huerta de Soto, aceptar la existencia del estado implica reconocer un monopolio
coercitivo que inevitablemente crecerá, traicionando el objetivo liberal de
limitar su poder. En esta "divisoria de aguas", el anarcocapitalismo
sostiene que el estado no es solo innecesario, sino también incompatible con
una sociedad verdaderamente libre, ya que el estatismo es "teóricamente
imposible".
El
anarcocapitalismo no solo se opone frontalmente a todas las corrientes del
socialismo, sino que también busca superar lo que denomina “liberalismo
utópico”. Para los anarcocapitalistas, los liberales clásicos son ingenuos al
pensar que el estado puede ser limitado sin cuestionar su existencia misma.
Esta crítica se extiende al neoliberalismo, cuyo fracaso, según esta
perspectiva, se evidencia en el crecimiento continuo del estado y la pérdida de
libertades individuales tras la caída del Muro de Berlín. En lugar de un
retroceso estatal, los gobiernos siguieron ampliando su influencia en la vida
económica y social.
Como
alternativa, el anarcocapitalismo propone una sociedad regida por principios de
absoluta libertad individual, en la que:
- El
derecho a la propiedad privada sea absoluto e intocable.
- Los
mercados sean completamente libres.
- La
competencia y la división del trabajo organicen todos los servicios y
relaciones sociales.
- Los
servicios, como la justicia o la seguridad, sean proporcionados a través
de acuerdos voluntarios y mecanismos de mercado.
Según
Huerta de Soto:
…todos
los proyectos empresariales pueden probarse si obtienen con carácter voluntario
el apoyo suficiente, por lo que son múltiples las posibilidades creativas de
solución que pueden idearse en un entorno dinámico y siempre cambiante de
cooperación voluntaria.
En
esta visión, la creatividad humana y la coordinación empresarial reemplazarían
al estado, consolidando una sociedad donde la interacción se basa únicamente en
acuerdos voluntarios, libres de coerción estatal.
Aunque
el anarcocapitalismo se presenta como la culminación lógica del liberalismo, su
rechazo absoluto al estado plantea interrogantes sobre su viabilidad práctica.
Críticos argumentan que un sistema basado exclusivamente en el mercado podría
exacerbar desigualdades, dificultar la provisión de bienes públicos y debilitar
la protección de derechos fundamentales. Sin embargo, los anarcocapitalistas
ven en estas críticas una falta de fe en las capacidades del mercado y de la
cooperación social voluntaria.
[1] Porritt, J. (1984). Seeing Green. Oxford:
Blackwell.
[2] El mecanicismo comienza a desarrollarse
a finales del siglo XVI con Sir Francis Bacon, quien se esforzó por demostrar que la ciencia no era diabólica,
que no era perjudicial para el hombre y que podía conciliarse con la religión.
Es a partir de Bacon que comienza a desarrollarse el
proyecto científico occidental para conquistar y controlar la naturaleza y
también comienza a imponerse la idea de un mundo similar a una máquina. A
mediados del siglo XVII emerge la figura de Rene Descartes que creía que la clave del
universo se hallaba en su estructura matemática y, para él, ciencia era
sinónimo de matemáticas. Pensaba que la matemática era el lenguaje de la
naturaleza y que el universo material era una máquina. La naturaleza funcionaba
de acuerdo con unas leyes mecánicas, y todas las cosas del mundo material
podían explicarse en términos de la disposición y del movimiento de sus partes.
A principios del siglo XVIII, Isaac Newton en su libro Principios Matemáticos de la Filosofía Natural, describe su ley de la gravitación
universal y postula que todos los fenómenos físicos se reducen al movimiento de
partículas de materia provocado por su atracción mutua.
[3] Marcellesi, (2008) op. cit.
[5]
Riechmann, J. (2009). La habitación de Pascal. Ensayos para fundamentar
éticas de suficiencia y políticas de autocontención. Los Libros de la
Catarata, Madrid.
[6] Illich, I. (1978): “La
Convivencialidad”, documento electrónico: https://www.traficantes.net/sites/default/files/Ivan%20Illich,%20La%20convivencialidad.pdf
[7] Illich emplea
el término herramienta en un sentido amplio, como instrumento o como medio.
Incluye a las instituciones productoras de servicios, la escuela, la
institución médica, la investigación, los medios de comunicación o los centros
de planificación. Su definición engloba todos los instrumentos razonados de la
acción humana, todo objeto tomado como medio para un fin se convierte en
herramienta. Hasta cierto punto, existen similitudes en el concepto de
“herramienta” de Illich y el de “megamáquina” de Mumford (1967).
[8] Entre las razones de la amplia difusión del Capitalismo de Libre Mercado podemos mencionar al dominio económico y político de EE.UU. y el Reino Unido, la expansión de la globalización en las últimas décadas que ha ido de la mano con la difusión del libre mercado, las políticas de las Organizaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, y la Organización Mundial del Comercio (OMC) que han condicionado con el libre mercado la asistencia financiera y el acceso al comercio global, la caída del bloque comunista en 1991 que llevó a muchos países de Europa del Este y Asia a adoptar modelos neoliberales y el avance tecnológico y la expansión de los mercados financieros globales que han favorecido la adopción de políticas de libre mercado, permitiendo una mayor movilidad de capital y la creación de nuevos sectores económicos.
[9]
Riechmann, J. Ecología política: breves e incompletas notas introductorias.
[10]
Bellamy Foster, J. (2017) A resistance movement for the planet
(entrevista), disponible en:
http://www.leftvoice.org/A-Resistance-Movement-for-the-Planet-Full-Interview
[11]
Elizalde, A. ¿Es sustentable
ambientalmente el crecimiento capitalista?
[12]
Magdoff, F y Bellamy Foster, J. (2020): Lo que todo ambientalista necesita saber
sobre capitalismo. Monthly Review. Volumen 61, número 10
[13]
La frase fue pronunciada en una
conferencia escolar y está citada en Hofstadter, Richard; 1959; Social Darwinism in
American Thought, George Braziller; New York, p. 45. El texto
original en inglés es: The growth of a large
business is merely a survival of the fittest.... The American Beauty rose can be produced in the splendor and fragrance
which bring cheer to its beholder only by sacrificing the early buds which grow
up around it. This is not an evil tendency in business. It is merely the
working-out of a law of nature and a law of God.
[14]
El neoliberalismo es una forma de vida, no sólo una ideología o una política
económica. Reportaje efectuado a Pierre Dardot y Christian Laval en
elDiario.es, documento electrónico: https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-ideologia-politica-economica-forma_132_4592247.html
[15]
Liberalismo vs anarcocapitalismo (2012), documento electrónico:
https://www.piensaenlibertad.com/liberalismo-vs-anarcocapitalismo
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